La variedad de aromas y sabores de los que goza la cocina andaluza en sus platos son el reflejo de su propia historia y del paso por sus tierras de las distintas culturas.
Los árabes aportaron a nuestra tradición culinaria la magia de sus sabores y olores. En España el arroz llegó a través de ellos y probablemente los primeros arroces con leche se hicieron en Andalucía, entretejiéndose en los calendarios religiosos locales con posterioridad, produciéndose un gran arraigo de este delicioso plato.
Curioso que una comida de origen árabe haya terminado siendo uno de los postres más típicos de la Semana Santa católica en Andalucía.
Uno de los mejores recuerdos gastronómicos de mi infancia en Villamanrique de la Condesa y que todavía se sigue erigiendo como uno de los estandartes de la gloria del paladar de mi juventud es el arroz con leche cocinado como los ángeles de mi abuela y el de mi tita Encarna.
Este postre, apetece todo el año; en invierno bien caliente, y fresquito en verano.
Ingredientes:
• 6 puñados de arroz
• 1 cáscara de limón
• 1 palito de canela
• canela molida
• 1 litro de leche
• sal
• azúcar (al gusto) aproximadamente 5 cucharadas soperas.
Elaboración:
Ponemos a cocer ½ litro de leche con una ramita de canela en rama, canela en polvo y la cáscara de limón para que se aromatice.
Cuando empiece a hervir añadimo el arroz y una pizca de sal.
Cuando esté el arroz hinchado ponemos la candela muy lenta y dejemos cocer lentamente, sin dejar de mover con una cuchara de madera, para evitar que el arroz se peque al fondo y añadiendo poquito a poco leche según espese el arroz.
Una vez el arroz esté en su punto (unos 20 minutos), añadimos el azucar necesario hasta encontrar el punto justo del paladar de cada uno y dejamos cocer 5 minutos más.
Retiramos la cáscara de limón y el palito de canela y dejamos enfriar.
Lo decoramo con canela en polvo, espolvoreada por arriba justo en el momento de servir.
¿Te gusta comer?, pero digo comer de verdad, no esa comida basura rápida, ni platitos de diseño que al final te vas con el estómago vacío. Pues si es así visita todas las entradas que vienen aquí recogidas y por favor haz tus comentarios. Todo el material de este blog está a disposición del navegante. LOS FOGONES DE MI MEMORIA sólo desea saber que uso se hace de él.
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martes, 9 de noviembre de 2010
lunes, 25 de octubre de 2010
ESPOLEÁ
A la versión dulce de las gachas castellanas en Villamanrique de la Condesa se las llama espoleá y en otros sitios de Andalucía poleá, mientras que en algunas zonas de Extremadura también se las conoce como puchas.
Un plato básico de la cocina tradicional manriqueña en tiempos de crisis, de pobreza y de hambre, después de una guerra civil fraticida, que por lo menos aportaba los necesarios hidratos de carbono para soportar las duras jornadas de trabajo en el campo.
Ingredientes:
• 5 cucharadas soperas de harina
• 1 litro y medio de leche
• 1 palito de canela en rama
• 1 cucharadita de canela molida
• 2 cucharaditas de matalahúva (anís en grano)
• 1 cáscara de limón
• 1 pellizco de sal
• 1/2 vaso de aceite de oliva
• 8 cucharadas soperas de azúcar
• Coscorrones de pan frito como picatostes
Elaboración:
Encender la candela lenta y hervir la leche (menos un vaso que reservaremos) con la canela en rama y la cáscara de limón para que coja el gusto.
El vaso de leche que habíamos reservado lo mezclamos con el azúcar, la harina, la canela molida y el pellizco de sal hasta que quede sin grumos.
En un perol se pone el aceite a calentar y le echamos la matalahúva y removemos un poquito para que el aceite coja el sabor y apagamos enseguida para que no se queme. Colamos el aceite, desechando la matalahúva.
En el mismo aceite ya filtrado agregamos la harina rehogándola sin que se tueste, para que no se nos quede cruda.
Vamos echando la leche poco a poco sin parar de mover durante veinte minutos aproximadamente, para evitar que se hagan grumos, hasta tener una masa espesa como si fuera chocolate a la taza, echamos el azúcar moviéndolo y retiramos del fuego.
Lo podemos servir en un plato hondo o un cuenco, echándole por encima la canela molida y adornándola con los coscorrones de pan frito.
Un plato básico de la cocina tradicional manriqueña en tiempos de crisis, de pobreza y de hambre, después de una guerra civil fraticida, que por lo menos aportaba los necesarios hidratos de carbono para soportar las duras jornadas de trabajo en el campo.
Ingredientes:
• 5 cucharadas soperas de harina
• 1 litro y medio de leche
• 1 palito de canela en rama
• 1 cucharadita de canela molida
• 2 cucharaditas de matalahúva (anís en grano)
• 1 cáscara de limón
• 1 pellizco de sal
• 1/2 vaso de aceite de oliva
• 8 cucharadas soperas de azúcar
• Coscorrones de pan frito como picatostes
Elaboración:
Encender la candela lenta y hervir la leche (menos un vaso que reservaremos) con la canela en rama y la cáscara de limón para que coja el gusto.
El vaso de leche que habíamos reservado lo mezclamos con el azúcar, la harina, la canela molida y el pellizco de sal hasta que quede sin grumos.
En un perol se pone el aceite a calentar y le echamos la matalahúva y removemos un poquito para que el aceite coja el sabor y apagamos enseguida para que no se queme. Colamos el aceite, desechando la matalahúva.
En el mismo aceite ya filtrado agregamos la harina rehogándola sin que se tueste, para que no se nos quede cruda.
Vamos echando la leche poco a poco sin parar de mover durante veinte minutos aproximadamente, para evitar que se hagan grumos, hasta tener una masa espesa como si fuera chocolate a la taza, echamos el azúcar moviéndolo y retiramos del fuego.
Lo podemos servir en un plato hondo o un cuenco, echándole por encima la canela molida y adornándola con los coscorrones de pan frito.
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miércoles, 20 de octubre de 2010
MELOJA
Pensando sobre qué añadir hoy a este recién estrenado blog de recetas de los fogones de mi memoria, me vino el recuerdo de la meloja; un producto que en mi infancia era muy apreciado por los niños y que ahora no oigo mencionar. Un producto completamente natural; que contrasta con los alimentos envenenados de hoy a los que nos hemos acostumbrado, con tantos conservantes, colorantes, emulsionantes, estabilizantes, edulcorantes y demás aditivos químicos cancerígenos.En mi infancia de posguerra y escasez, era frecuente encontrar en la merienda grandes dosis de pan con elementos dulces como una onza de chocolate de la marca "Virgen de los Reyes" (que se me aparecía casi todas las tardes como un milagro) o un buen chorreon de aceite de oliva virgen con azúcar, de miel o de meloja.
Normalmente se cogía el trozo de pan y, en medio, se le hacía un hoyo que iba lleno aceite, miel o de meloja. Se pretendía “engañar al pan”, es decir, a cada bocado de pan, un poco de aceite de oliva, miel o de meloja para que, sobre todo los niños, llenaran el estómago aunque el alimento fuera poco.
Los representantes mas significativos en mi pueblo, del producto base de este manjar, la miel, fueron los ya desaperecidos apicultores "Manuel Matacán" y el "Tío de la miel".La meloja, se hace con la cera de los panales de miel estrujados, de las antiguas colmenas fijistas de corcho de alcornoques, que en forma de cilindro eran muy utilizadas en el Parque Natural del Entorno de Doñana, enclave ecológico privilegiado donde se encuentra situado mi pueblo (Villamanrique de la Condesa).
Esta tradicional forma de obtener miel de las abejas ha permanecido casi intacta desde la dominación del Imperio Romano, como nos demuestra el gaditano Lucio Columela en su obra “Los doce libros de agricultura” ya en el año 50 d.C., donde además de dejar constancia de esta actividad primitiva del hombre, describió como era la apicultura de la época. Además hizo referencia al manejo de las colmenas.
Pero hay evidencias del conocimiento de de la apicultura en este entorno natural, donde se encuentra situado Villamanrique de la Condesa, que datan del año 1100 a. C. en lo que denominamos Imperio Tarteso, asentado en estas tierras.
Posteriormente la importancia de la apicultura se mantuvo también durante 800 años con los árabes. Adú Zacarías en el Vol. 9 de su Tratado de Agricultura hace una importante mención al manejo de las colmenas.
Después el monarca castellano Alfonso X El Sabio, muy vinculado a las monterías reales por él organizadas en lo que hoy forman el Parque Nacional y el Parque Natural del Entorno de Doñana , llevo a cabo las primeras ordenanzas sobre la apicultura.
Ingredientes:
• Una calabaza
• La cera de los panales
• Agua de cal
Preparación:
Para endurecer o encallar la calabaza, se trocea en cubos más o menos regulares y se echan en agua de cal bien limpia durante 24 horas.
El agua de cal se consigue “apagando” las piedras de cal viva en agua. Al dejarla reposar, el agua se queda arriba, y abajo la cal mas espesa, con cuidado se extrae ese agua que es el que deberemos usar para echar la calabaza.
Luego se coge un panal, después de haberle extraído la miel para su consumo y se introduce en el agua para que suelte la miel que aún queda. Si al panal le queda poca, habrá que añadirle miel limpia.
En el fuego, se remueve lentamente y se le quita la espuma y cuando convenga hasta que haya soltado toda la miel, entonces se cuela las impurezas que haya soltando y se reserva ese agua dulzona, para después ponerla a hervir hasta que quede como una especie de almíbar muy espeso y oscuro, entonces es cuando incorporamos los trozos de la calabaza y/o de cidra, limpios de piel y pipas, y se retira cuando estos trozos estén tiernos, aunque no mucho porque deben de quedar bastante enteros.
La meloja se come fría y hace buen maridaje con trozos de queso fresco de cabra.
NOTA: En otros sitios al producto obtenido de la receta hoy descrita se le llama “arrope”, “aguamiel”, etc.
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