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domingo, 5 de junio de 2011

GAZPACHO MAJAO

Un vaso de gazpacho fresquito, un gran plato de caracoles o bien de boquerones fritos y una "tajá " de sandía constituyen sin duda el menú manriqueño más tipico en verano.

Ahora que ya llegan las inevitalbes canículas veraniegas de Andalucía, que poco a poco va llegando "la caló", vamos a tratar de refrigerar nuestros paladares con el sabrosísimo gazpacho andaluz.

Hablar de gazpacho, coloquialmente es sinónimo de mezcla, rebujina, confusión, bulla, batiburrillo, revoltijo. Dentro del dornillo de barro del gazpacho pasa lo mismo.

Los gazpachos, eran ya citados en romances del siglo XII y por Cervantes, aunque fueran bien distintos de las versiones rojas que inventó el importado tomate tras el descubrimiento del continente americano.

Pero su nacimiento se remonta mucho más atrás; concretamente a la época romana, cuando las legiones avanzadas en Hispania, sobre todo en el sur, recibían refrigerios de agua, vinagre y sal para recuperarse tras el ejercicio, las batallas y las escaramuzas de conquistas y reconquistas.

El gazpacho andaluz suele ser definido por algunos autores culinarios como una mezcla entre sopa y ensalada.

Es un plato que se elabora más en las provincias de Andalucía occidental, que en la oriental, donde son más típicos los gazpachos blancos (sin tomate). Además de los gazpachos rojos y blancos existen otros, denominados verdes, que son típicos de Sierra Morena y de la Sierra de Huelva. Pero la verdad es que con el gazpacho andaluz pasa como con la paella valenciana; en Andalucía existen tantos gazpachos como familias, pueblos y cocineros: miles de combinaciones distintas según el lugar, la época, la economía y sobre todo el gusto personal o la manía de cada uno.

Pero centrándonos en la receta del gazpacho andaluz (rojo y con tomates), que hacía mi abuela, actualmente se consume en la mayoría de las ocasiones como un refresco, bebida/comida de aromas agradables y reconfortantes, por regla general en verano.

El gazpacho primigenio (mezcla de pan desmigado, aceite de oliva y vinagre) estuvo alimentando a campesinos andaluces durante siglos.

Hasta épocas  relativamente recientes, constituía la base alimenticia principal de los trabajadores del campo manriqueño, los cuales se llevaban un bote con aceite, vinagre y sal y, aparte, el pan, el ajo, el tomate y el  pimiento; todo en la esportilla, y el dornillo de barro, la maja y la cuchara de palo y lo elaboraban en el mismo tajo de los numerosos cortijos que rodean el término municipal de Villamanrique de la Condesa. Con la evolución de los tiempos, el gazpacho se ha ido convirtiendo en un fino puré, con más tomate que pan, pero antiguamente era al revés, aprovechándose las sobras de pan duro para su elaboración.

Los sopeaos son variantes espesas o migadas de los gazpachos. Recuerdo ahora a mi padre, preparando lo que él llamaba un "sopeao" , que consistía en utilizar como base el gazpacho, al que añadia uvas, trozos de melón, trozos de pan, etc. y se lo zampaba con cuchara.

La receta que expongo a  continuación es como durante muchos años se la vi hacer a mi abuela del roete blanco con brillantina, a mi madre y a la tita de mi mujer, con el dornillo cogido entre las piernas y majando los componentes con la maja de madera; pero con los avances de los pequeños electrodomésticos desde hace mucho tiempo se ponen los ingredientes en la turmix o en la batidora y luego se pasa por un chino para retirar las pieles y restos, completándolo luego con el agua y enfriándolo en el frigorífico unas horas.

Dornillo: Recipiente en forma de cuenco o bol, hecho de barro blanco, sin esmaltar. Del mismo barro blanco tambien eran y todavía son los búcaros (botijos) que mantenían el agua fresca cuando no existían ni las neveras ni los frigoríficos.

Búcaro: Recipiente de barro cocido, poroso, con un vientre ancho para darle capacidad y un orificio de entrada llamado boca, por el que se llena y otro de salida llamado pitorro por el que se bebe.

Por su porosidad el agua contenida en el búcaro tiende a salir al exterior a través de sus poros abiertos, lo que provoca que toda la superficie esté húmeda. Esta humedad tiende a evaporarse por la acción del calor y el aire. Es esta evaporación la que produce que el recipiente y su contenido tengan una reducción de calor y es este el motivo de que el agua en los búcaros esté siempre fresca por mucha calor que haga.

Ingredientes:
• miga de pan duro de un par de días, sin corteza
• 2 dientes de ajos, según gustos (la regla es de uno por comensal)
• 1 pimiento verde
• 1/2 pepino
• 4 ó 5 tomates "mu coloraos" regulares pero bien maduros (ingrediente principal)
• aceite de oliva
• 1/2 vaso vinagre de vino
• sal gorda
• agua fría
• hielo si se quiere
• cebolla (opcional)
• una punta de pimiento molido -pimentón dulce- (opcional para intensificar el color rojo)

Elaboración:
Meter la miga del pan en remojo de agua.

Mientras se ablanda el pan hacemos un majado en un dornillo, machacando los ajos con un poco de sal. Luego agregamos el pimiento lavado, sin semillas y picado. Luego el pepino cortado en rodajas y seguimos majando. Después agregamos los tomates lavados, picados pero sin pelar ni despepitar.

Vamos machacando poco a poco en el dornillo de barro y agregamos el pan escurrido del remojo al que lo habíamos sometido. Seguimos machacando con la maja todos los ingredientes mientras añadimos un generoso chorro de aceite de oliva virgen extra y mezclamos bien para que luego no le salgan "manchas", después añadimos el vinagre con cuidado (hay muy distintos grados de intensidad), probando, porque nos dará el punto final.

Mezclamos todo bien y en el mismo dornillo  se sigue majando y vamos vertiendo agua fría, según demande la masa para quede suelta, añadiendo más o menos agua, hasta dejarlo a nuestro gusto. Probamos introduciendo una "sopita" de pan y corregimos de sal, aceite o vinagre si es necesario.  Si deseamos una textura más fina, podemos pasar el gazpacho por el pasapurés o chino.

Añadimos hielo o lo metemos en la nevera varias horas antes de servir en el mismo dornillo de barro.

Hay quien lo bebe en vaso alto de tubo, en una jarra cervecera o en un típico jarrillo de lata (mi caso) antes del postre o quien se lo come como primer plato con cuchara, acompañado con una guarnición de tropezones de pepino, cebolla, pimiento, tomate, corteza de pan duro, todo muy bien picadito, aparte. En este último caso, cada comensal deberá servirse la guarnición a su gusto sobre el gazpacho ya en su plato o cuenco individual.

sábado, 12 de marzo de 2011

SOPA DE AJO MANRIQUEÑA

Reconstituyente y matahambres en las duras jornadas del campo, en las últimas décadas los platos de cuchara entraron en un claro retroceso, bien por razones dietéticas o por el apresuramiento de la vida contemporánea. En cierto modo, la sopa se convirtió en "la Cenicienta de la gula gastronómica" de los tiempos de "vacas gordas".

Plato Nacional, pues fue siempre el condumio mas económico de cuantos hemos vivido en "crisis económica" permanente. Probablemente surgió de la necesidad de comer algo contundente con las sobras de pan y de lo que hubiere en tiempos de necesidad. Es paradójico que lo exiguo de su coste le siga perpetuando en el cliché de comida de pobre.

Ha sido además, el tradicional modo de combatir el frío. No hay nada más estimulante y apetecible que las sopas y muy en especial la sopa de ajo, que es la más propicia no sólo para las bajas temperaturas, sino para las jornadas trasnochadoras.

Y es que las sopas de ajo y sus innumerables variaciones tienen sin duda una historia apasionante. Hasta tal punto que incluso algunos historiadores aseguran que algo similar a la sopa de ajo ya se consumía en  Hispania antes de la invasión de las legiones romanas.

Antaño no se le atribuían las virtudes terapéuticas que mas tarde las han elevado a la categoría de receta del medico, recomendada especialmente para la cena de algunas personas de edad que quieren prolongar su vida con parsimonioso y prudente régimen.

La buena doctrina es que las sopas de ajo deben saber solo a sopa de ajo, aunque los ingredientes básicos y la preparación varían a lo largo y ancho de nuestra geografía, según el gusto de cada zona: En algunos lugares se le agregan cominos y las tuestan en horno. En otros sitios se les pone perejil y huevos picaditos, en algunas provincias costeras se le agregan mariscos o pescados, en otros les agregan tomates y pimientos rojos; pero la buena doctrina dice que las sopas de ajo deben saber solo a ajo ¡¡¡¡¡ (y aceite de oliva virgen).

Ingredientes:
• 1 pan prieto, duro de varios días
• 1 vaso de oliva virgen extra
• 1 buen cogollo de hierbabuena fresca
• 15 dientes de ajos
• ½  cucharita de pimiento molido (pimentón)
• 1 litro de agua
• Sal
• Opcionalmente:
     • 1 huevo por ración
     • Caldo de puchero en vez de agua
     • 1 Pastilla de avecrem

Preparación:
Fuera de heterodoxias lamentables la sopa de ajo manriqueña se hace poniendo a calentar el aceite en una cacerola. Cuando esté caliente el aceite freímos enseguida los ajos pelados y laminados. Cuando estén casi dorados añadimos el pimiento molido y removemos para que no se queme.

Inmediatamente echamos el pan prieto cortando en rebanadas muy finas (tostadas o no) y lo removemos todo. A continuación añadimos el agua hirviendo, la sal y la yerbabuena y esperamos que hierva entre cinco y ocho minutos con la candela muy baja.

Apagamos  la candela y dejamos reposar un ratito. Servimos muy caliente.

Si queremos darle más consistencia a la sopa, podemos zamparle un huevo entero por ración y se tienen cociendo hasta que la clara se ponga blanca. Hay a quien le gusta revolver los huevos al echarlos y hay a quien le gusta verlos enteros en el plato, eso va gusto del consumidor.

El agua la podemos sustituir por caldo de puchero que nos haya sobrado días antes. Y a falta de caldo de puchero podemos usar una pastilla de Avecrem por cada medio litro de agua.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

SOPA DE TOMATE

La cocina humilde de Villamanrique de la Condesa siempre aprovechó todos los recursos que tenía a mano y en su entorno. Cuando sobraba pan, ya asentado y duro según los días transcurridos desde su horneado, estaba considerado pecado mortal tirarlo a la basura.

La cocina tradicional manriqueña tiene rango de arte culinario autóctono. Arte mayor, cuya génesis se sitúa en Tartessos, retocado por Roma, refinado desde Al-Andalus y enriquecido con los productos procedentes de las américas.

La cocina de los manriqueños es fiel reflejo de la propia historia de Andalucía y de España, de una huella y herencia que perdura y, gracias a nuestros mayores, se conserva en estado casi original con recetas populares de toda la vida, que gracias al minimalismo imperante ponen en superior valor sus platos tradicionales.

La sopa de tomate, es una antiquísima solución culinaria que, en tiempos difíciles, quitó el hambre a muchas familias manriqueñas, andaluzas y españolas.

La que a continuación voy a describir es una preparación sencilla y rápida, sin ninguna complicación, como todas las recetas de la cocina popular de Villamanrique de la Condesa, aprovechando en esta ocasión el pan duro junto con el tomate; con la misma secuencia como mi madre se la hacía a mi padre casi todas las noches, en los últimos años de su vida:

Ingredientes:
• pan "prieto" manriqueño “asentao de varios días
• 1 kilo de tomates maduros
• 6 dientes de ajo
• 1 cebolla grande
• 3 pimientos verdes grandes
• 1 hoja de laurel
• 8 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra
• ½ cucharadita de pimentón dulce
• 4 huevos
• 1 cogollo de yerbabueba

Preparación:
Se pone a candela lenta la sartén con aceite de oliva.

Picamos muy finos las cebollas y los pimientos y machacamos los ajos. Todo esto lo añadimos a la sartén y lo freímos lentamente hasta que se ponga tierno.

Cuando esté frito añadimos los tomates rayados para que queden muy finos, volviendo a freír todo junto con el mismo calor lento.

A continuación se añadimos el pan "prieto" cortado en rodajas muy delgadas, el laurel, dos vasos de agua o de caldo y el pimentón, a candela lenta unos 15 minutos aproximadamente o los minutos necesarios hasta que el pan se ablande y el agua haya desaparecido dejando la sopa  muy espesa.

Ensalamos al gusto y echamos unas ramas de yerbabueba cuando se encuentre hirviendo (antes no).

Lo ideal de este plato es cuajarle un huevo sobre el propio guiso, para cada ración.

También se le puede añadir un poco de pimienta blanca molida, dependiendo del gusto de cada cual.

Servimos muy caliente y en plato hondo.

martes, 26 de octubre de 2010

SOPA DE CONEJO

Si observamos el contexto geográfico, económico, histórico, religioso y cultural de la gastronomía de Villamanrique de la Condesa nos será fácil adivinar que nos ofrece un apartado con extensas y profundas raíces, basadas y desarrolladas sobre un pueblo de ingenio, con una rancia cultura, en todas sus facetas de supervivencia.

Bien podríamos afirmar que ciertos son aquellos dichos que exponen: “Los pueblos se miden por su cocina” o también aquel “Dime lo que comes y te diré quién eres”, etc, etc.

Villamanrique de la Condesa, cruce obligado de caminos marianos, enclave natural, reserva de la biosfera, testigo privilegiado de la evolución etnográfica de la baja Andalucía; tiene sur propia cocina, que ha evolucionado a lo largo de siglos de historia con tartesios, fenicios, ibero-turdetanos, romanos, visigodos, árabes… hasta nuestros días.

Una “Gran cocina” con una extensísima variación de productos genuinos como la caza con sus variedades y especies autóctonas, como el venado, el jabalí, la perdiz roja, las liebres o los conejos de campo.

Transcribo aquí la receta antigua de la sopa de conejo que se hacía en casa de mi madre, probablemente de tradición oral de mi abuela, que  aquella probablemente la heredó también, de la misma forma, de mi bisabuela.

De ésta receta obtenemos dos platos: La sopa de conejo y un segundo que consiste el conejo en salsa de tomate.

Lo mejor seria disponer de conejo de campo o de una liebre, pero no siempre es posible.

Ingredientes:
• 1 conejo ya limpio
• 100 gr. de jamón entreverado en taquitos
• 1 cabeza de ajo cruda y 2 asadas
• 1 tomate
• 2 cebollas a rodajas
• 1 pimiento
• 1 zanahoria
• 1 ramillete de tomillo
• 3 granos de pimienta negra
• 1 pimiento chile (guindilla)
• 1 hoja de laurel.
• 1 vaso de vino blanco
• 1 pastilla de caldo avecrem
• 4 rebanadas muy finas de "pan prieto" del día anterior
• aceite de oliva virgen
• azafrán o colorante alimenticio
• sal

Elaboración:
Troceamos y salpimentamos el conejo.

En una olla con poco aceite, asamos dos cabezas de ajos y los higaditos. Cortamos los higaditos y reservamos estos dos ingredientes, dejando las cabezas de ajo enteras.

En la misma olla añadimos más aceite y sofreímos los ajos crudos, el jamón entreverao en taquitos y unas rebanadas de “pan prieto”. Una vez dorado el pan, sacar estos ingredientes y reservar .

Echar al mismo aceite las cebollas picadas y el laurel. Dejar dorar.

En el mismo aceite añadimos el conejo ya troceado, el pimiento troceado, el tomate cortado en pequeños trozos o bien lo rayamos, sal al gusto y refreímos todo junto.

Cubrimos con el vino blanco y añadimos la zanahoria a rodajas, el jamón en taquitos, los ajos asados, el tomillo, la pimienta en grano, la guindilla y la pastilla de avecrem.

A medida que se vaya consumiendo el vino deberemos ir añadiendo agua y dejar cocer durante 30 minutos aproximadamente.

Hacer un majado con el ajo y las rebanadas de “pan prieto”, fritos anteriormente, junto con un poco de sal y añadir este majado al guiso.

Dejarlo cocer durante algunos minutos más. Finalmente añadir unos hilos azafrán (al gusto).

Freír el resto de pan prieto rebanado y acompañar al servir el caldo.

Una vez terminado, sacamos los trozos de conejo a otra cacerola que habremos preparado con salsa de tomate frito y mezclamos.

A la salsa le añadimos un poco mas de agua y hervimos 10 minutos mas.

Rectificamos de sal y servimos con el pan a rodajas y el higadito asado troceado. Se puede acompañar de patatas fritas con huevo.

sábado, 23 de octubre de 2010

PUCHERO MANRIQUEÑO

Hoy vamos a homenajear a nuestra sopa más tradicional, al puchero. Gloria gastronómica de Villamanrique de la Condesa.

Yo fui un niño criado a base de tostá con sardinas, de cocido, de potaje y de puchero blanco. Un niño, como los de mi generación, de los que para comer iba con una cuchara en una mano y con un trozo de pan en la otra.

Uno de los ingredientes habituales del sábado por la noche en la cocina  de mi madre eran los garbanzos en remojo para el cocido o el puchero del día siguiente.

¡Que rico el puchero...! Anda que no está bueno un puchero calentito con mucho caldito con ese sabor a 'añejo', a 'antiguo'. La mas 'ancestral' esencia de nuestro pasado culinario, capaz de "resucitar un muerto" y que gracias a Dios, aun podemos encontrar en los modernos fogones vitrocerámicos manriqueños.

Aunque yo vivo en Sevilla mi mujer, también manriqueña, gracias a Dios heredó ese saber hacer especial que tenía mi madre cuando hacía el puchero. Y hay que ver lo bien que cocina la HDLGP.

No hay plato que mejor caiga en nuestro cuerpo en esos días de frío de otoño e invierno, que un buen puchero con su ramita de yerbabuena en su plato. Y ya es pa arrodillarse si detrás no falta su "pringá" con tos sus avíos.

Aunque cada maestrillo tiene su librillo, y la lengua es muy rica, que una cosa es aquí y otra es allí, de acuerdo, pero el puchero, el de toda la vida, el puchero de Villamanrique, lleva garbanzos y arroz o fideos, con una buena "pringá" detrás, de carne y tocino.

Para hacerlo más barroco, estilo muy del gusto de los sevillanos de la capital, se le puede echar taquitos de jamón y huevo duro, vamos la "sopa de picadillo" de toa la vida.

Al día siguiente, al guardar la "pringá" que sobra en el frigorífico, se cuaja el tocino y se puede untar en la tostá.

INGREDIENTES:
• 1 pollo entero grandecito para sacar luego la "pringá"
• 1 buen trozo de tocino, preferiblemente fresco al salado
• 1 hueso de jamón
• 1 hueso de codillo salado
• 1 hueso fresco de cerdo
• 1 tomate
• 1 cebolla
• 2 patatas medianas
• 2 zanahorias
• 1 puñado de garbanzos remojados de la noche anterior (100 gr. aproximadamente)
• 1 pastilla de caldo de pollo AVECREM
• 1 buen manojo de yerbabuena
• agua
• sal
Ingredientes opcionales:
• 1 ramita de apio
• 1 puerro
• 1 nabo
• 100 gr. de cuadraditos de pan frito
• 150 gr. de jamón serrano
• 1 huevo duro

ELABORACIÓN:
Echar todos los ingredientes en la olla y dejar cocer lentamente de 1 hora y media  a 2 horas y a medida que se vaya produciendo la espuma grasienta, que irá flotando en la olla, habrá que ir espumándolo (retirar y desechar la espuma) con una espumadera o con un cucharón grande.

Cuando esté bastante desengrasado, tapar la olla y dejarlo cocer el tiempo previsto.

Al final de la cocción, cuando esté todo tierno, se aparta una cacerola con el caldo que haga falta y se le añade el arroz o los fideos finos o cabello de ángel en función de los comensales.

Servir en la mesa muy caliente con una ramita de hierbabuena fresca en cada plato.

Opcionalmente se puede servir además con trocitos de pan a cuadraditos sin tostar o tostados, y cada uno en su plato le puede añadir un huevo duro muy picadito y también trocitos de jamón serrano picaditos ("sopa de picadillo").

Otra opción muy manriqueña es sustituir el arroz o lo fideos por rebanadas de “pan prieto” de Villamanrique del día anterior, muy finamente cortadas en cada plato; a las que se les cascará un huevo en medio y a continuación se le añadirá el caldo del puchero muy caliente por encima, con lo que conseguiremos un huevo escalfado. Luego se remueve todo (pan, caldo y el huevo escalfado) y a comer, dejándote llevar por las sensaciones de añoranza que te traerá cada cucharada.

La carne y el tocino, o sea la "pringá", se guarda para segundo plato y se come “pringando” trozos de pan sobre la mezcla.  o bien se reserva para el desayuno del día siguiente refregando en el pan tostadito (la tostá) el tocino mezclado con la carne deshilachada. En algunas casas se usa también para hacer unas deliciosas croquetas.